Es muy sencillo cuando se usa el sentido común.
Comparemos los aerogeneradores con una "idea brillante", que sea posible hacer funcionar trenes eléctricos cuyas líneas eléctricas en unos momentos tengan voltaje y en otros no, dependiendo totalmente de la fuerza del viento predominante. O recomendar coches y camiones muy caros con un carburante que fluya en los motores dependiendo de la velocidad del viento.
Alguien que se mantenga firme en esa idea debe haber perdido la chaveta. Nuestro gobierno entero, incluyendo a todos sus ministros, considerarían demencial una propuesta para ese tipo de trenes y vehículos. No estarían de acuerdo en subvencionar la construcción de esos monstruos técnicos y ciertamente no subvencionarían cada kilómetro que esas cosas recorrieran.
Pero, ¿por qué es esto diferente a recomendar los aerogeneradores para la producción de electricidad, si tiene las mismas desventajas?. ¿Acaso no lo tiene una fuente de energía totalmente dependiente de la aleatoria e impredecible fuerza del viento? y ¿no constituye un riesgo por la posible interrupción de una función que es de vital importancia para nuestra sociedad, como lo es el suministro eléctrico?. Pero en el caso de estas máquinas, que no cumplen para nada con su cometido, ellos subvencionan su construcción y además subvencionan el suministro inestable de un producto de una calidad particularmente mala.
¿Qué es lo que hace que la opinión que merecen esos absurdos artefactos sea diferente de la opinión que merece la energía eólica? La diferencia consiste en el hecho de que esos estúpidos trenes y vehículos no son juzgados en primer lugar por los "políticos", ni personas pre-seleccionadas o instituciones que tengan tendencia a sesgar sus juicios debido a los intereses personales. Justamente es lo contrario a lo que ocurre con la energía eólica.
En la historia de los eólicos hay mucho dinero en juego y una cierta imagen que ganar denominada "persona con visión". La condición es que uno debe ser capaz de vender la historia sin escrúpulos y llevarla de forma inteligente a escena, cautivando a la parte más crédula del público. De cualquier forma una persona con buen juicio será capaz de formarse una opinión imparcial sobre el comportamiento y la utilidad de los eólicos, y por tanto entenderá que al público en general, tanto los promotores de la energía eólica como el gobierno, le están echando polvo en los ojos.